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Paso Ligero

Bienestar diario

Por qué aparecen la pesadez y la hinchazón en las piernas

Al final de una jornada larga muchas personas notan las piernas cansadas y los tobillos algo hinchados. Es una sensación frecuente que suele tener más que ver con la rutina del día que con cualquier otra cosa.

· Lectura de 7 minutos

Ilustración de una persona caminando por un sendero al atardecer entre colinas suaves

Por qué ocurre

La sangre que llega hasta los pies tiene que regresar al corazón subiendo, es decir, en contra de la gravedad. En ese recorrido intervienen dos cosas: las válvulas que hay dentro de las venas, que impiden que la sangre vuelva a bajar, y sobre todo los músculos de la pantorrilla. Cada vez que damos un paso esos músculos se contraen y empujan la sangre hacia arriba. Por eso a la pantorrilla se le llama a veces el segundo corazón.

Cuando ese movimiento falta durante horas —de pie detrás de un mostrador, sentado frente a la computadora, en un vuelo largo— el retorno se vuelve más lento. Una parte del líquido pasa a los tejidos que rodean el tobillo y aparece esa sensación de peso que se nota sobre todo al caer la tarde.

Hay varios factores que influyen en cuánto se nota:

  • Permanecer mucho tiempo en la misma posición, tanto de pie como sentado. Los dos extremos cansan.
  • El calor. Las temperaturas altas dilatan los vasos sanguíneos y el retorno cuesta más, algo cotidiano en buena parte de América Latina.
  • La poca actividad física, que con el tiempo debilita la musculatura de la pantorrilla.
  • El peso corporal, que aumenta la carga sobre las piernas.
  • Los cambios hormonales y el embarazo.
  • Los antecedentes familiares y la edad, que influyen en la elasticidad de las paredes venosas.
  • La ropa muy ajustada en la cintura o la ingle y el calzado poco adecuado.
  • Mucho sodio con poca agua, una combinación que favorece la retención de líquidos.

En qué fijarse

La pesadez común tiene un patrón bastante reconocible: se va acumulando a lo largo del día, se nota más por la tarde y mejora con el descanso nocturno o al elevar las piernas un rato. Junto a ella suelen aparecer otras señales:

  • Hinchazón leve alrededor del tobillo, o la marca del calcetín más marcada de lo habitual.
  • Sensación de tensión o de calor en las pantorrillas.
  • Calambres nocturnos u hormigueo.
  • Ganas de mover las piernas después de llevar mucho rato quieto.

Estilo de vida y hábitos

Buena parte de lo que sentimos en las piernas al terminar el día depende de cómo transcurrió ese día. No es necesario cambiarlo todo: normalmente son unos pocos hábitos los que marcan la diferencia.

El trabajo y la postura

Las jornadas de pie sin desplazarse —caja, mostrador, peluquería, cocina— cansan porque el cuerpo permanece erguido pero la pantorrilla apenas trabaja. El trabajo sentado tiene el problema contrario: la rodilla flexionada durante horas dificulta el retorno. En ambos casos lo que ayuda no es cambiar de postura para siempre, sino alternar con cierta frecuencia.

El calzado

Ni el tacón muy alto ni la suela completamente plana favorecen el trabajo de la pantorrilla. Un tacón moderado, de unos dos a cuatro centímetros, con suela flexible y buena sujeción, suele resultar más cómodo para pasar muchas horas de pie.

El calor

Los baños muy calientes y prolongados, la exposición larga al sol del mediodía y las saunas dilatan los vasos y aumentan la sensación de pesadez en quienes ya la tienen. No hay que evitarlos por completo, pero sí notar cómo responde cada quien.

Recomendaciones simples para el día a día

  1. Romper la quietud cada 30 o 60 minutos. Levantarse y caminar dos o tres minutos es suficiente para que la pantorrilla vuelva a bombear. Una alarma discreta en el celular ayuda más de lo que parece.
  2. Mover los tobillos donde estés. Diez círculos hacia cada lado y diez flexiones de punta a talón, sin levantarse de la silla. Se puede hacer en una reunión o en el bus.
  3. Elevar las piernas al llegar a casa. De quince a veinte minutos, con los pies un poco por encima del nivel del corazón, apoyados en cojines o contra la pared.
  4. Caminar todos los días. Entre veinte y treinta minutos a paso cómodo. Es el gesto más sencillo y el que más aporta.
  5. Cuidar el agua y la sal. Beber a lo largo del día y moderar los alimentos muy salados o ultraprocesados reduce la retención de líquidos.
  6. Terminar la ducha con agua fresca sobre las piernas, subiendo desde los tobillos. Alivia bien la sensación de calor al final del día.
  7. Revisar la ropa y el calzado. Evitar prendas que aprieten en la ingle o la rodilla y cambiar de zapatos si toca estar muchas horas de pie.

En resumen

La pesadez en las piernas al final del día es, en la mayoría de los casos, la respuesta lógica de un cuerpo que pasó demasiadas horas quieto. El movimiento frecuente, un rato de piernas elevadas, calzado sensato y buena hidratación cubren casi todo lo que está en nuestras manos, y no requieren tiempo extra: se acomodan dentro de la rutina que ya existe.

Dicho esto, conviene conocer las señales que sí merecen una consulta. Cuando la molestia es persistente, afecta a una sola pierna o cambia de carácter, lo sensato es que la valore un profesional.

Aviso. Este artículo tiene fines exclusivamente informativos y educativos. No constituye un diagnóstico, un tratamiento ni una recomendación médica, y no sustituye la consulta con un profesional de la salud. Ante cualquier molestia persistente, consulta a tu médico.

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